No es que seas vago, quizás estás agotado por dentro

Dormiste pero seguís cansado. Y la culpa por no poder más. Todo junto.

4/23/20261 min read

a man riding a skateboard down the side of a ramp
a man riding a skateboard down the side of a ramp

Hay un cansancio que no se arregla durmiendo. Es el que viene de adentro, de venir tirando hace rato, de estar siempre disponible, de resolver sin parar.

Ese desgaste no se ve. Por eso muchas veces lo confundimos con vagancia o falta de ganas. Pero no es lo mismo estar cansado que no tener fuerzas. Una cosa te pasa, la otra es lo que te pasa cuando lo anterior se sostiene demasiado tiempo.

¿Te suena estar tirado en el sillón mirando el techo, con mil cosas para hacer, pero sin poder arrancar ninguna? No es que no quieras. Es que tus reservas están en rojo.

La trampa está en que cuando te tratás de vago, te exigís más. Y cuando te exigís más, te vaciás todavía más. Es un círculo que no tiene salida.

Probá cambiar la pregunta. En lugar de "¿por qué no puedo hacer más?", preguntate "¿qué me está costando tanto y por qué?" Ya no sos un problema a resolver. Sos alguien que necesita algo.

Descansar no es un premio. A veces es lo que necesitás para volver a tener ganas de algo.